Sidney, una ciudad de futuro y presente

Estoy en Sidney, Australia. Una ciudad encantadora, fascinante, construida a imagen y semejanza de sus habitantes: gente originaria de diversas culturas que llegaron para establecerse y crear ese rostro multifácetico, y al mismo tiempo único, que los abarca y los incluye a todos.

Me resulto inevitable evocar a la distancia a mi querida Bucaramanga y pensar en todo lo que se podría, y lo que podríamos, lograr, si tomaramos la desición de comenzar a construir, y a reconstruir, nuestra ciudad a imagen y semejanza de los bumangueses.

En mi recorrido no podía dejar de visitar ese obra de ingeniería que ya es patrimonio de la sensibilidad humana, un título que la Unesco bien podría asignarle a la Opera House de Sidney.Estuve ahí: pasé una noche en la opera.

Mejor debería decir me “quede” en esa noche para siempre. Porque por primera vez en mi vida tuve la sensación de que la arquitectura y la música son dos partes de un mismo instrumento.

Nadie podría haber interpretado mejor a Mozart, Bethoven, Verdi, Puccini o Wagner, que el arquitecto danes Jorn Utzon. Nadie como él pudo haber imaginado ese perfecto espacio de diseño pensado coreográficamente para que por allí transitaran con su deslumbrante vestuario los personajes de Don Giovanni, Fidelio, Rigoletto, Aida o Tristan e Isolda.

En la tarde del 29 de enero de 1957, frente a una silenciosa y expectante audiencia, el primer ministro australiano Jhon Joseph Cahill, abrió el sobre que contenía la decisión del jurado que dio como ganador del concurso para otorgar el proyecto de la construcción de la Opera de Sidney, al número 218.

Un segundo sobre asociaba los números con los nombres y daba como ganador a Jorn Utzon. El costo estimado de la obra, que se hizo sin haber terminado la totalidad de los estudios, tanto acústicos como de iluminación, como los estructurales, los del aire acondicionado y los de amoblamiento, se establecieron en 7 millones de dólares con tres años de plazo para la construcción.

Sin embargo, el costo final y la ejecución termino muy lejos de esa estimación:

Terminó costando 102 millones de dólares y se demoro más de 14 años.Obviamente, este desface, no estuvo relacionado con los sobrecostos que habitualmente se inventa la politiquería inmoral que nos ha venido gobernando en Bucaramanga para mantener los privilegios de una casta corrupta.

En el caso de Sidney ,esa desproporción entre lo presupuesto y finalmente ejecutado, se debió principalmente a que no se tuvo suficiente claridad de la magnitud de la obra.

Las investigaciones previas a la realización, requirieron una cantidad extraordinaria y muy extensa de cálculos en una época en la que había pocas,ó practicamente ninguna computadora capaz de desarrollar complejos cálculos estructurales, y donde el mundo de los ingenieros todavía se manejaba con regla de cálculos, tabla de logaritmos y máquinas de sumar accionadas manualmente.

A pesar de ello, la mayor parte del costo total de 102 millones de dólares no fue aportado por el presupuesto nacional ni departamental, sino que surgió de un autofinanciamiento con fondos provenientes de la lotería de la opera con lo cual el edificio pudo terminar de pagarse en julio de  1975.

Maravilloso ejemplo de cómo se pueden realizar obras cuando se usa la imaginación y las posibilidad enormes que se le presentan a una ciudad cuando los administradores de la función pública no se roban la plata, sino que usan la inteligencia, el sentido común, la lógica, la ética y la estética.

Para poner en marcha la obra de la Opera House de Sidney, el primer ministro Jhon Joseph Cahill tuvo que sortear diferentes obstáculos y conseguir el apoyo del Partido Laborista.

Con este apoyo logró llevar adelante esa idea que se convertiría en un ícono de la cultura universal y en un cambio de paradigma en la vida cotidiana de los ciudadanos de esa metrópoli.

Hoy la Opera House de Sidney atrae gente de todo el mundo y genera ingresos que se convierten en recursos para ampliar la oferta cultural de la ciudad.

La capacidad de la sala de conciertos es de 7000 puestos, habitualmente llenos. Hay 2400 eventos al año, incluyendo 1700 espectáculos en vivo. 4.5 millones de personas de todo el mundo visitan la Opera, de los cuales 1.1 hacen presencia en los espectáculos y 240 mil realizan visitas guiadas.

La Opera de Sidney tiene 800 salas: 5 estudios de ensayos: 60 camerinos: 5 restaurantes: 6 bares de teatro.

El podio tiene 1.8 Ha. 95 metros de ancho en dos niveles de 9 y 15 metros por encima del nivel medio del mar, 9 metros más alto que el tablero del puente de la bahía de Sidney.

El radio de lo segmentos de la esfera del techo es de 75 mts. El peso total de los 3 techos es de, 21.000 toneladas.

Más de 1 millón de azulejos recubren la totalidad del techo de la Opera de Sidney. 10 mil personas de 32 nacionalidades trabajaron en el proyecto durante más de 14 años.

Estuve ahí. Y estuve con mis cinco sentidos. Sólo mi corazón y mi mente estuvieron  todo el tiempo en Bucaramanga.

Emocionándome y pensando que en la cultura y educación de nuestra ciudad hay mucho por hacer.
Y podemos hacerlo.

Sidney, una ciudad de futuro y presente
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